Las palabras son pistolas cargadas

martes, agosto 08, 2006

Lenguaje: "anecdatos" | "anecdata"

Josu Mezo propuso el lunes en su blog Malaprensa la acuñación del término «anecdatos» para referirse a «todos los datos, especialmente, pero no necesariamente numéricos, que a pesar de su precisión y veracidad no quieren decir nada relevante».

La idea surgió a partir del uso que Arcadi Espada hizo en su bitácora el pasado día 5 de la palabra «anecdatas» en ese mismo sentido:

Las estadísticas tienen una gran importancia en el periodismo actual. La inmensa mayoría son falsas, objetivamente hablando. Es decir, son meras anecdatas, que se pretenden hacer pasar por categoría.

Mezo, con buen criterio (a mi juicio), cree que la forma «anecdatos» es más natural en español, y comenta que el término inglés «anecdata» sí ha alcanzado una cierta difusión (una búsqueda en Google arroja 275 resultados). De hecho, aunque no figura en los principales diccionarios de la lengua inglesa, WordSpy la recogió ya hace diez años (y registró un primer uso conocido en 1992); Wiktionary, por su parte, también la incluye. La definición de «anecdata» ofrecida por WordSpy («Anecdotal evidence used as data in an attempt to prove a hypothesis or make a forecast») coincide con la sugerida por Josu Mezo para «anecdatos», mientras que la de Wiktionary -«(Colloquial) Anecdotal evidence»- es más imprecisa (nótese que en inglés la «anecdotal evidence» es, por definición, acientífica).

No sé si muchos profesionales del lenguaje coincidirán conmigo, pero, desde mi punto de vista, este neologismo merecería hacer fortuna por dos razones.

En primer lugar, la prensa escrita y los informativos (¿?) de radio y televisión dedican cada vez más espacio a este tipo de datos irrelevantes, que se están convirtiendo en una plaga, sobre todo en verano (ya se sabe: pocas noticias «de verdad», menos audiencia, muchos becarios en las redacciones...). En la propia Malaprensa se puede consultar un amplísimo archivo de estadísticas y encuestas aparecidas en los medios de comunicación que, analizadas fríamente, son del todo inútiles e incluso engañosas. Algunos creen que lo que no tiene un nombre no existe; de ser cierto, tal vez podamos reaccionar mejor y de manera más crítica ante este tipo de pseudoinformación si se la «bautiza».

En segundo lugar, reconozco que me gustan las acuñaciones de neologismos basadas en juegos de palabras (inteligentes, por supuesto). Este tipo de composición léxica es mucho más común en inglés que en español; tal vez el ejemplo más difundido sea software, que en su origen (alrededor de 1960) fue un juego de palabras creado a partir de hardware, cuyo primer uso documentado data del siglo XVI. En mi opinión, no estaría mal que este recurso se utilizara más en nuestro idioma.

Así pues, me sumo a la propuesta de Josu Mezo y empiezo desde hoy mismo a usar la palabra «anecdatos». Espero que alcance la difusión que creo que merece... aunque lo ideal, está claro, sería que no la necesitásemos.

Sólo me fío de las estadísticas que he manipulado (The only statistics you can trust are those you falsified yourself). (Winston Churchill)

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