Las palabras son pistolas cargadas

sábado, noviembre 11, 2006

Traducción: La experiencia de un traductor autónomo | A freelance translator's experience

El traductor médico Llorenç Serrahima habla sobre su experiencia profesional:

Mi experiencia con el mundo de la traducción es francamente positiva. Llegué a ella como recurso de supervivencia, cuando pasé de mi puesto de director de marketing de un laboratorio farmacéutico a la cola del paro en un solo día. No conseguí nunca más un puesto de trabajo, así que me lo creé yo mismo. Soy uno de esos que dijo que sabía idiomas y por tanto pensaba que podía traducir. De esto hace diez años, y no debía andar muy errado porque desde entonces me gano la vida traduciendo, es decir, manteniendo a mi familia y pagando el colegio de mis dos hijos (quienes mientras tanto han crecido y ya están en la universidad, que tampoco es barata). Esto ha significado trabajar más horas (muchas más) que antes y cobrar menos (bastante menos), pero no me quejo: es mucho más que lo que me ofrecía el paro. Al principio trabajé mucho para editoriales y agencias que pagaban poco, pero con el tiempo he ido aprendiendo, cada vez traduzco mejor y puedo seleccionar clientes, aunque tampoco ato los perros con longanizas.
Para salir adelante en este mundo de la traducción, me he aplicado siempre el cuento de zapatero a tus zapatos. Es decir, traduzco de lo que entiendo, temas médicos en general, y no me duelen prendas si de cuando en cuando me toca trabajar mucho o pringo uno o más fines de semana seguidos. Pero no he dejado de trabajar desde hace diez años, y en este momento tengo encargos fijos hasta finales de enero.
Por otro lado, nunca me he planteado a mis clientes como rivales explotadores, sino que siempre he intentado buscar la manera de que ellos y yo ganásemos dinero. Eso ha significado a veces algún trabajillo extra para resolverles algún marrón, pero también ha significado obtener algún favor cuando lo he necesitado. Eso sí, el cliente siempre ha exigido un trabajo bien hecho. Cuando lo he hecho mal, me he equivocado o no he cumplido con un plazo, me he llevado la correspondiente bronca o incluso he perdido algún cliente, pero eso es ley de vida.
También me ha reportado alguna satisfacción, claro. Por ejemplo, a primeros de año una editorial nueva me encargó un libro gordo con muy poco tiempo. Eso me permitió montar un pequeño grupo de traductores con quienes aprendí a colaborar y conseguí cumplir el encargo. El editor también quedó satisfecho, así que me pidió que fuera a la feria del libro de Frankfurt, donde conocí mejor el mundo editorial. Los negocios no se me/le dieron mal, asi que ahora el editor me ha pedido que le dirija la división veterinaria de su editorial. Ya sé que no es la historia que pedías, pero tampoco creo que sea una historia excepcional. Creo que la traducción está hecha de la misma madera que cualquier otro trabajo: si estás empleado tienes una seguridad relativa, un horario más o menos fijo y un salario determinado a fin de mes. Si eres autónomo, tienes una seguridad relativa, un horario absolutamente variable y un salario indeterminado. Pero en ambos casos, si eres bueno y trabajas, tienes reveses y oportunidades (algunas las aprovechas y otras no), unas cosas te salen bien y otras no, has de currarte las oportunidades porque siempre hay alguien dispuesto a quitártelas y todo lo que tú quieras, pero sales adelante. Si eres mediocre, te aburres y vegetas en algún rincón poco atractivo. Si eres malo, te vas al paro. Lo que no sucede en esta ni en ninguna otra profesión es que vivas bien desde el primer día que te dedicas a ello, ya sea porque has acabado la carrera de traducción o porque has llegado por otra vía. Al principio es duro, hay mucho trabajo por hacer y poco dinero a ganar.

En fin, la profesión de traductor (sin distinción, ya sea literario, médico, técnico, jurídico o de temas económicos, de libros o artículos sueltos...) es opción muy buena de ganarse la vida. Pero hay que currar y pelearse por un buen precio. Como en todas las profesiones.


(Vía INFOTRAD)

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1 Comments:

  • Y hay que tener una buena formación, no sólo en idiomas, para poder desarrollar la profesión adecuadamente.

    Yo también soy autónomo y coincido bastante con la opinió de Llorenç: muchas horas de trabajo para no tanto dinero.

    Pero, en general, la traducción compensa.

    By Anonymous Josep Tarrés, at domingo, noviembre 12, 2006 10:53:00 a. m.  

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